“Hay una letra más                                                                       con la que sólo se escribe poesía”                                                                                               Angel Crespo 
 La primera vez que vi al Mestizo tenía la piel de papel y la mirada de un loco que tiene miedo a conocerse.  Desde sus vísceras acechaba los renglones de las columnas de un periódico semanal a golpe de palabras con cachirulo, y con su lápiz afilado de ironía y el sarcasmo de aquel que se siente herido, no dejaba lugar a la indiferencia del lector.
Tiempo después conocí a Víctor Guíu.  El color negro de sus prendas era un acicate para su verborrea, como si se ocultaran en una sombra todos los silencios que llevaba dentro.  No dejaba de hablar.  Le escuché azotando el tedio de una tarde otoñal, entre barras de bar y sueños de letras, entre los huecos de un par de versos que los sorbos de una copa dejaron.
Entre y patilla y patilla no podría haber más ideas, ideas que se mordían así mismas, como un dance caníbal acelerado.  La utopía abanderaba lo que no tardando mucho fue tomando forma. 
La cultura se hace desde el secarral,  hubiera dicho, y así, comenzamos una amistad a cuatro bandas: Víctor Guiu, El Mestizo, Domingo Saturio y yo. Compartimos folios en honor a Dadá, arreglamos nuestra tierra hasta dejarla como está, cercamos el mar en la Estanca y comenzamos aquel Diario de guerra que día a día fue haciéndose hasta que las tropas de Bush entraron en Bagdag.
Conocimos a otros, que como nosotros dejaban escapar el tiempo en endecasílabos abstractos formando “Másquepapel”. 
Víctor nunca será aquel que afila un cuchillo de madera para cortar las cañas del río. En sus versos de botella rota, una voz rebelde agita los sentimientos y los desgarra violentamente, como quien vence a la rabia hasta deslizarla en palabras, en unas palabras afiladas con el atrevimiento de un joven que no puede callar.
Rima y métrica son dos instantes bajo la sombra de un olivo, un ribazo a la ladera de un río seco. La vida es la conversación de dos abuelos sentados en un banco de un pueblo justificando los años en los recuerdos, diría él.   Su poesía se aleja del estereotipo.  Su atrevimiento se bañaría en el de los poetas puros con un estilo que sin casar con las diferentes vertientes actuales, hacen aflorar una voz propia, una voz que lanza al desespero su primer grito directamente del corazón al papel.

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mestizo

Autor: Anónimo

Detrás de Domingo Saturio está el gran poeta alcañizano José Manuel Soriano. De orígenes surturolenses, y amigo de fatigas y de ilusiones del Mestizo.

Fecha: 24/01/2007 17:28.


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