Como decía Manu Chao en uno de los programas que a la pública le ha dado por hacer contra este mundo globalizado e hipócrita en el que nos ha tocado vivir, el mundo camina hacia su extinción.

Hacia una extinción de sobras conocida, en la cual todos damos la vuelta a lo evidente, al desastre, la crispación, la hijoputez de tantos y tantos políticos y ciudadanos.

Y quizás, si lo piensan friamente, sólo nos queda un recurso, el recurso de la lucha, de la lucha ecológica, por los valores naturales, que, por suerte o por desgracia están por encima de los valores económicos, sociales, éticos... Vivimos en un ecosistema dolido, en un ecosistema que está hasta el gorro de nosotros, vivimos en una época difícil, de falsa y demagógica democracia totalitaria.

Pero no tenemos que ser gilipoyas. Tenemos que utilizar el sistema, adaptarlo, modernizarlo. Tenemos que aprovechar el sistema para destruirlo y hacer un mundo mejor.

Derribemos la mentira, la dictadura democrática, una democracia que sólo nos utiliza una vez cada cuatro años y que no nos quiere más que para que dejemos un voto ruin y sin perspectivas. Lamentablemente es lo único que hay. Como dicen algunos, lo mejor de lo peor.

Debemos luchar. No nos queda otra. Debemos cultivarnos y utilizar, en la medida de lo posible un pensamiento crítico. Seguimos pensando como nuestros abuelos. Queremos casa o piso, patrimonializarnos al territorio. Y eso no es bueno ni malo, pero el sistema se aprovecha de ello con hipotecas absurdas, con apalancamiento ideológico.

Algunos piensan que tras casarse, tener hijos e hipoteca se han comprometido con todos y ya está.

Huyamos de esas mentiras. Huyamos del orden establecido. Espabilemos y luchemos como cada uno sabe. Ya no basta con cantar una canción de Labordeta en un mitin, con escribir un artículo que pocos leerán como este, con decidir que lo mejor es irse al monte o a la playa y pasar de todo y de todos para que se jodan nuestros hijos.

Hace falta un compromiso real. Un compromiso ecológico con Gaia, con nosotros mismos y con el futuro que nos espera.

Y lo demás son todo pamplinas y gilipoyeces.

Salud, y que les vaya bonito...

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