"Sentado en un carasol,

donde la petra fría espera la madrugada

o el sol.

 

Pintaban rayas sus ojos,

chispeantes,

en las sombrías rosadas

que se abren sanguíneas,

en la aurora.

 

Y el reseco ambiente,

quebraba las ramas pardas,

pardas las hojas,

de los pinos cansados.

 

La bruja celeste elevaba el brazo

sentido,

que esclavizó sus vidas

que eligió en cruces cambiados.

 

Y recogía paupérrima,

las retamas del sagrado visco...

 

Tuvo hijas, imagino,

y no encontró aquel tesoro.

 

Se sentaba en el mojón partido,

que partía el término de su niñez,

adulta vieja...

 

Pensaba quizás en la muerte,

y no encontró aquel tesoro."

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