Hubo algún tiempo, o eso quiero creer, que lo disimulaban. Ahora ya, ni eso.

En política, nos decían (y algunos siguen diciendo), las formas son muy importantes. Pero continuamos depreciando nuestro sistema al permitir, entre todos, que se infrinjan las más mínimas formas democráticas, impulsando así el clientelismo y la “partitocracia”, en las cuales lo importante es estar en disposición de decidir incluso antes de decidirlo. Yo con este escrito espero sentirme menos cómplice, al menos.

Me explico. La primera norma de nuestros lamentables políticos es “controlar” el mayor número de instituciones. Después de esa norma, ya se verá si se ejerce la participación, la innovación y la gestión pública. Y así nos va.

Porque es difícil justificar determinadas artimañas. Hace un par de años, en el Centro de Desarrollo Rural de nuestra zona, semanas antes de la Asamblea, ya se sabía quién iba a ser el presidente. Y eso sin conocer siquiera si había o no había más candidatos. El sistema es sencillo y cuenta con el beneplácito de la sociedad civil, que se vende por cuatro duros y sigue sin conocer el potencial y la fuerza que tiene si se organiza. Los partidos en el poder controlan asambleas, sustituyen representantes elegidos en sus juntas, “mercadean” con unos y con otros. Así, por poner un ejemplo, sólo hay que ver las composiciones de determinadas juntas. Ya os digo, no se esconde nadie. En la del centro de desarrollo, “casualmente”, el representante de cooperativas es el portavoz del PSOE de Andorra; u otro caso más claro, el representante de Cruz Roja, también “casualmente”, coincide con el expresidente de la comarca vecina. Incluso hubo alguna asociación que cambió su acuerdo de Junta Directiva para “poder estar” en dicha junta sin avisar a su supuesto representante.

Y con este tipo de actuaciones colaboran y colaboramos en la perversión democrática de nuestras instituciones públicas, privadas y semi-público-privadas (o llámenle como quieran).Lo que me llena de tristeza es que haya algunas personas que se adapten sin más a este pragmatismo y no quieran ver más allá, aprovechándose (con fines dignos algunos, sin duda, pero aprovechándose) de ese tipo de situaciones.Luego, como en botica, unas comarcas e instituciones lo harán mejor y otras peor. Las que funcionen bien aportarán un granito de arena más a lo de “el fin justifica los medios”. Las que funcionen mal seguirán in sécula seculorum sin bajarse de la burra. Ya sabéis, aquí nadie metemos la pata, esto es España.Algo similar ocurre con el “supuestamente participativo” Programa de Desarrollo Rural Sostenible de Aragón. Y no sólo en nuestra comarca. Como me dijo un consejero de una comarca de la zona, “ya sabes, esto es política”. Aunque el que debería de saber que la “política” no sólo son los intereses y directrices de su partido es él. Y desde luego, ese no es el significado de “participación”. Pues bien, con el programa de desarrollo 2010- 2014 ha vuelto a pasar lo mismo. Por poner el ejemplo cercano, en el Bajo Martín PSOE y PAR se pusieron manos a la obra y, lejos de dar participación a asociaciones y colectivos civiles actuaron como siempre. Así pues, no se convocó a la gente, se eligió, sin más, y de un día para otro “si eso, oye, que venga alguien, a poder ser de los nuestros”.
Quien crea que no hay malicia en esos hechos desconoce los usos y manejos de la política de la administración local. Las formas y el fondo son importantes, y más si queremos creer de nuevo en esta sociedad que va dando tumbos. Y más si cabe si queremos hacer partícipes a nuestros ciudadanos de nuestro propio futuro.
Esperemos que sean capaces de hacer que estos “dineros”, que no son pocos, puedan hacer desarrollar esta comarca en la cual, ni las formas, ni el fondo, nos hacen ver grandes esperanzas de futuro.

 

Víctor Guíu, el Mestizo

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