El club de los poetas pringaus

Publicado: 11/02/2013 10:43 por mestizo en OPINION

Ser pringau es una obra de arte. Ser pringau tampoco es una forma de vida.

 

A ser pringau uno, desgraciadamente, se acostumbra. Y punto y seguido. Poco más.

 

En la última reunión del Club de los Poetas Pringaus, por aclamación popular, se me eligió presidente de invierno –aquí las cosas van por estaciones, como en Cuaresma-. El día 20 o 21 tomaré posesión de mi nuevo título en Remolinos. Es posible que en esas mismas fechas, según decían algunos pringaus Mayas  todos los pringaus de la Tierra hayamos tenido la suerte de desaparecer.

 

Mientras tanto, se dará continuidad a la política pringada de mi antecesor, el pringau de otoño, que como es de entretiempo le gusta echar la culpa a la “herencia recibida” del verano para cargar de más herencia envenenada a su nuevo presidente, el pringau de invierno.

 

En  cualquier caso las líneas, como decía, son más que claras. Acudir allí donde nos llamen sin ver una perra. Descubrir como solo los listos acaparan las revistas chulas porque todo lo que haces es “paraliterario”. Indagar en la experimentación con ganas, motivación y, sobre todo, sin subvención. Apostar por el cordel, el I+D+I y el cartonerismo ilustrado. Hacerse socio de la Cruz Roja y de todo lo que nos genere nulos beneficios económicos. Ir a la cárcel… como para tantear el terreno. Solicitar nuestro ingreso en la Federación de Pringaus Universales, la FPU, como muestra de solidaridad con los poetas pringaus de todo el mundo…

 

En el lugar donde nacimos no hay ni cáctus ni canguros, pero muchos poetas pinchan y es mejor estar alejado de ellos. La modernidad es un vocablo irreverente y el respeto debido se lo debemos a la amistad, al precipicio que generan las letras y a la más sentida independencia creativa.

 

Un día, no se cuándo, “Los pringaus dominaremos el mundo”. Un día, no sé cuándo, el poeta pringau por antonomasia recitará versos a una calabaza.

 

Ese día, el sol se esconderá y todo se difuminará en negro, como un final apocalíptico de una peli de dibujos.

 

 

Por Víctor Guíu Aguilar, El Mestizo

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